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15 de enero de 2012

Un domingo solitario

Me he regalado años ajenos, porque soy un cínico, que camina sin las ganas de la palabra, me detengo en las visiones formuladas por una necesidad originada de la soledad.

Nunca le he cantado a las plantas, a veces me acerco y beso la tierra, esa que escupen millones; huele y se acerca el polvo, ya no hay zumbidos cerca.

A veces los sueños son la burla del lejano destino, me siento y suspiro, yo camino solo, arrastro los talones, desgasto la mezclilla, mis zapatillas rotas van, no es pobreza, es una afrenta para un domingo solitario.

@dosgallos

24 de julio de 2011

Sólo quiero hablar

Sólo quiero hablar, gesticular y consumirme en una cueva, de esas que te ahogan, que te arrancan la saliva, tumbarme a un costado y ansiar un cigarro.

Es una penumbra bañada de humo, con luces escondidas de los camiones por la carretera, de llantas a medio explotar y el olor a hierba quemada de ejidos vueltos baldíos.

@dosgallos

15 de julio de 2010

29 de octubre de 2009

Versión tropicalizada

No me puede faltar el cigarro entre los dedos o sobre un cenicero, si es que decido contar una historia, sin embargo ahora me falta ese humo vertical cercano al mouse en las líneas que se suicidan con el folklore de la tierra húmeda. Cerca no hay trenes bala ni barrios informáticos que saturen las pupilas con sus impactantes anuncios que zumban al ritmo de la ciencia ficción, acá sólo se escucha el lamento del peso sucio y harapiento de cientos de hermanos guatemaltecos, hondureños y salvadoreños sobre los vagones del tren que le corta la circulación a una ciudad que apenas puede sobrellevar su historia y el mal auguro de su futuro como un organismo fuerte y sano. A pesar de todo voy perdiendo peso, me hago más etéreo, más leve, eso mismo que sólo Kundera lo puede explicar de una manera insoportable, parece que tiene que ver con la sangre y lo que esta significa en cifras que como dé lugar hay que reducirlas evitando el ron que era ingerido sin paragón.

@dosgallos aunque no cambio el jazz o la música clásica por el merengue o la salsa, inevitablemente uno es absorbido por ese cliché que pasa a ser una etiqueta del mundo burdo dónde sólo ciertos seres de belleza plástica compiten en su tiempo libre con cadenas informativas o se convierten en el hashtag del día gracias a una nueva estirpe de fans que los siguen por todas partes mientras haya conexión Wi-Fi.

Aquí no hay la belleza que puede ser percibida por quién puede sentarse en un parque enclavado en el centro de Tokio, ni tampoco existe la elocuencia por parte de mujeres que cojean, sólo hay salones de belleza ramplones administrados por niñas-mujer, que recién han dejado los estudios preparatorios y que ganan más que un médico o un abogado que también apenas lo es.

Y todavía espero ese libro y su traducción que lleva por título el año en que nací, para comprobar una vez más que sólo soy un personaje Murakamiano versión para Latinoamérica.

18 de octubre de 2009

Frío de cinco años atrás

En el dos mil cuatro mi independencia tenía la característica de ser concedida, en el frío, que al mismo tiempo era privilegio de unos pocos resistir como estampa de un primer mundo ilusorio entre vagabundos acompañados de sus perros fuera de cualquier subway québécois.

Ahora en un frío benigno para mí y cruento para otros permanezco en un limbo independentista, donde no alcanza lo suficiente para ser autónomo, pero dónde gozo del estado paternalista alejado del concepto estatal y más cercano al familiar.

Me siento cercano a esa sensación de cinco años atrás, en la cual un templo de fundación me cobija los domingos y que me recuerda lo lejano que estoy de esas montañas que fueron casa y enseñanza cinco años atrás.

Dos Gallos.

16 de agosto de 2009

Es que no hemos vivido

En la vanidad del sentimiento me siento a escribir, para una palabra, un acento y una flor, no hay nada en el interior de un jarrón que no sea agua o un frío terrestre, así me llega una conclusión aventurada y prematura de una jovencita que ansía un amor maduro y entregado.

El domingo es un día detenido, donde el mentón se hace una lija y mis ojos al atardecer se van nublando del coraje propio del mozalbete reprimido, o de los cuentos que ni tú, ni yo, hemos concebido.

Es que no hemos vivido.



Goyette

17 de mayo de 2009

Seguirán pasando

Hay que olvidarse de los sueños, aguantar el calor, pasarse la mano por el cabello, tirarse hacia atrás y sonreír.

Las nubes seguirán pasando.


Goyette

2 de mayo de 2009

Hoy me he dado cuenta de eso

He sacado por error la calculadora, y he comprobado que vivimos en un mismo tiempo, que nos movemos de la misma forma, que es igual de tarde para ti que para mí, que aquí estamos suspendidos, dejando pasar el tiempo, el beso, tu cuerpo sobre el mío, en fin, todo el amor.

Hoy me he dado cuenta de eso.


26 de febrero de 2009

Borro las ideas

Borro las ideas, me consumen las tardes de medio sueño y sexo revolcado, custodiamos con miles de vallas al más espurio de los gusanos encarnizados de verde olivo.

Pierdo las formas conforme avanza la noche, con llamadas de niños extraviados, taxis oscurecidos y sabores salados pintando la lengua.

No he podido tronarme el cuello, y terminar esa historia de pozos e islas. Espero durante dos semanas, el cambio de aire, un respiro, y un amor.

Goyette

17 de febrero de 2009

Vivo a cuatro horas

Vivo a cuatro horas, me paseo entre ciclos de vaga y de plena conciencia, también convivo con el seis, ese número de veces de transición entra cada cuatro horas en un día. Es importante decir, que en ocasiones se mezclan, pero aún siguen marcados.

Ayer en el último lapso de la noche entre letras, me sumí en un pozo con Tooru Okada, recordé la risa que me sobrevino en el funeral de la madre de una de mis compañeras poeta y teatrera, busqué pero no miré la famosa estampita de Gerardo Mayela, regalo en vida que me hizo mi abuela.
El nuevo período lo pase respirando por la boca, con todas las sábanas encima y el pijama largo, sin mucho que decir, sólo que los sueños, se han tornado altos como un papel tapiz en un hotel que creo conocí.

Y comienza otro tiempo, donde las llaves de la regadera se barren, y no llega el agua, espero, y me voy a otro baño con la ventana abierta y las llaves bien puestas, abandoné la idea de rasurarme la barba, y
llevar perfume, al vestirme voy por lo sencillo, lo que había, unos jeans, la camisa a rayas, y un saco roto, los trajes los recogeré más tarde en la tintorería.

Aún no terminan estas horas, apenas comienzan, pasando lista, respirando por la boca y dando clase, impregnado del ímpetu juvenil, sigo con otra clase, termino pronto con ella, y sigo en lo mismo, afortunadamente no me invade ningún escurrimiento nasal, y resisto. En una hora más estaré fuera.

Se abrió un estado más, y un paquete con mis papeles académicos, de vida, y la requerida cédula profesional, apresurando la comida, recogiendo mi ropa de la tintorería, acercando un pijama y recostando el cuerpo, para descifrar la textura de ese tapizado muerto.

Goyette Dos Gallos

12 de febrero de 2009

Busco una muchacha que vaya al mercado

Busco una muchacha que vaya al mercado, y lleve una falda ocre hasta los tobillos, que se llame Sara, y no Alicia, y que cargue con una cruz gitana en Andalucía.

Que sus dedos sean largos y su mirada escurridiza, su palabra suficiente y que por piel lleve el perfume de una poetisa.

Que por familia apenas tenga una tía, que le guarde altar al resto de su familia, y cuide de una perra llamada Camila.

Si ha de despertar cada día, que lo haga con la fuerza de los pescadores, y beba vino a mediodía, que sea maestra y la novia de cada pequeño, de pantalones rotos y lengua bravía.

En su tiempo libre ha de suspirar sobre hojas amarillas, y mirar al horizonte, más allá de las olas que rompen cansadas, muertas y saladas, sobre la misma piedra, donde fue fecundada.


Goyette

1 de febrero de 2009

Pienso en un pato de Montréal

No tengo el nombre del señor de los helados, se me ha escapado el rostro de mi primer amor, juego con mi primera palabra en inglés, se me vuelca el corazón en esas primeras manos, me vienen las lágrimas una vez más.

Pienso en un pato de Montréal, y en el reciclaje elegante tras el callejón, en dos chinos y un mural.

Me queda un beso en japonés, me sabe mal un intento por tercera vez, y sentirme aquí en total desnudez.

Quiero una lengua oficial, y un mar sin mucha sal, un te quiero de verdad, y un futuro cierto, que no cubra su faz.

Goyette

24 de enero de 2009

Me vuelvo loco a ratos

Me pasa que me olvido, de ellos, y de nosotros, que colecciono estampillas, y les lloró a las montañas.

Me pasa que tengo sueños, y estos son galerías que saben a nuez, con obras de Goya y Velázquez.

Me pasa que busco luz, cuando me agotó y veo gatos.

Me pasa que ya no fumo, y me vuelvo loco a ratos.



Goyette

19 de noviembre de 2008

Sueño fabril

Me he agotado, llorado y vaciado el pensamiento de los anales siglopasaderos como a la vez colmado de luminarias estelares y de olores terrenales los sentidos perdidizos de mi época.

No me bastan los recuerdos en papel ni en piel, los he tirado todos, cortando letras de compromiso, y doblando imágenes inertes de necesidades no satisfechas.

Me quedé conmigo mismo, en un aliento advenedizo, sepultando colillas, esas que han sido maceradas por los dedos fríos de la noche.

Ya no es octubre, y menos abril, se viene diciembre y con el un sueño fabril.

Goyette

5 de julio de 2008

Charcuterie

Se me han acabado los cigarros, y me he quedado con dos o tres palabras reprimidas en los dedos, una línea grasosa en la frente y con un íntimo campo de vello, en el mentón no tan prominente.

Son noches como esta, donde la neutra esclavitud de la luz en tinieblas, se regodea de invocar a un espíritu que me desprende de mis ropajes, entra por mis poros, subsana mis labios, jala de mi cabello, desliza caricias por mis mejillas y baja por el alba, estremeciendo mi gravedad y mi risa en tierna calma.

Felación va bien con una canción, una donde se pierda el tiempo como un niño mugroso en pleno mercado, donde los ritmos afroindoamericanos se confundan con el cortar pescuezos de pollos famélicos, entre miseria y jarana, donde la caída muda de las crestas me de un jalón de aire que me aprisione de la cintura para abajo.

Seguir inhalando con la misma cadencia ya no puedo, buscaré un pausa en la limpia oscuridad, hundiéndome entre luna y almeja sin vacilaciones; mi boca, una musa acuosa, de una noche que no ha sido infructuosa.

2 de julio de 2008

Concédeme un beso macerado

Era una terrible tarde para escribir versos y también lo era para recordar los besos, me quedé sin ninguno de ellos, sólo bostecé perros que le ladraban a la tierra, y rayos ignotos que blasfemaban a diestra y siniestra.

Me abrí en canales que desollaron el púrpura de nuestras manos, y que cantaban a coro, el mal de nuestros hermanos.

No experimenté desasosiego, cuando vi la ráfaga del sentido materno entregándose al delirio colectivo de los hijos secuestrados.

Son muchas las penas encaramadas a dichos superfluos de falacias sinuosas e hilarantes.

Concédeme un beso macerado y un rizo dorado, y si quedaran lágrimas, también la promesa de toda una vida en el campo abnegado.

23 de junio de 2008

Hoy quisiera llamarme Alicia

Hoy quisiera llamarme Alicia

y cumplir muchos de mis sueños.

Enterrarme una sortija

empeñada al corazón liberto.


Escurrirme de agua es una opción,

secarme de engaños

con algo de imaginación.

Soy producto de la enajenación.


Me han secuestrado la inspiración,

en clandestina cárcel,

escupiendo bajo,

y gritándole alto.


La tortura y el dolor desconozco,

pero ella sufriendo ha de estar,

acostada sobre un colchón

que alguien le debió prestar.


Si la mandan por partes,

mi vida no podré armar.

Si la desaparecen,

siempre la habré de buscar.

4 de junio de 2008

Calma enfermiza

Hoy no me siento Lorquiano, y menos me siento parte de ese porcentaje de seres sinestesicos, aunque ganas tengo de devorarme bodegones, y de venirme en los gobelinos angelados por muy colgados que estén.

Se me han hecho muy sofocantes estos días de aire caliente y de maquillaje terroso, con sonidos que nos recuerdan donde estamos, primero el tren con su ir y venir en la vías cercanas, y los campanazos que anuncian el día a falta de algún gallo perdido en esta confundida estepa central.

Por más que quiera, no alcanzo esas elevaciones grisazuladas, que más lejos que cerca, tratan de seducirnos con sus tonos y sus lluvias que son espejismos.

Aquí en la calma enfermiza.

28 de mayo de 2008

Algo tiene de fraternal

Muchos cigarrillos que debimos dejar,
un aprecio que ahí está,
lo sentido es un cariño especial.


Algo tiene de fraternal.


A Cyn.

26 de mayo de 2008

Tumbado mano encima


El largo camino acallado
por la custodia parpadeante
de faroles con espíritu ardiente
y tronco enraizado de cables.

La piezas de los sueños
son sostenidas por los
hilos de baba arenisca.

Y mis sentidos expectantes
a esas caricias de vida lineal,
un cantar de horas
que llevan al final.

Tumbado mano encima
de mil cigarrillos apagados,
cobrando el color de pretextos
no santiguados.