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24 de agosto de 2009

Antes que sea domingo

Si trato de poner una imagen aquí, es en contestación a esas cursilerías que bañan a los cuerpos de sudor, y que en menos del tiempo de una carta hacen declaración de amor.

Te has liberado por un lapso igual que el que le llevó al señor, la mismísima creación, creeré en las palabras y en ese beso que narras con cierta humectación.

Mis brazos, esos mismos que tus muslos no han recorrido, tienen la medida perfecta para arrancarte uno que otro suspiro.

Disfrutemos de la luna y volvamos a casa, antes que sea domingo.


Goyette

Siete días

Y yo me quedo,
contigo,
esperando,
para ti escribo.



G

12 de julio de 2009

Hoy no la he encontrado

De repente uno despierta como aturdido, sin poder, oír, ver, ni hablar con claridad, las comisuras de los labios dejan ver lo largo del sueño, del tiempo muerto por horas donde uno se aleja de la confusión que prevalece mientras está despierto.

Busco una moneda que no tiene teléfono público en que caer, repaso la agenda del teléfono celular esperando encontrar un nombre y un número que no existe, imposible es escuchar su dejo, saborear sus pausas y adivinar su expresión.

Hoy no la he encontrado.


Goyette

1 de julio de 2009

Agitando la mano

Sería mucho el soñar que abandonas tu trabajo celestial, que le dices adiós a tu hombre, a ese que es seguridad y costumbre, que te alejas sin mirar las montañas para vivir donde sólo hay llanura y entrañas, y que vienes sin más a brindar esos labios trabajados en cobre.

Confieso haberte soñado de nuevo con tus pulseras en las venas, los Benson en la mesa, la libreta y las mentas que no se manchan, con el libre aroma de tus dedos al café, del café a tu sofá y del sofá a la alfombra sin tocar cama, hasta que amanezca.

Desde la calle me despido agitando la mano, deseando dormir a tu lado.

Goyette

Siempre de noche

Nos hemos conocido en las ruinas, esas mismas que lees, esas en donde con un gesto despreocupado te asientas entre mi pecho y hombro, muy cerca de mi cuello aún no cercenado.

En los restos de lo que será, evitemos la imagen de un libro desojado, del sexo comprometido y del beso en el aire olvidado, déjame ser en ti, estrecharte, retocar tus labios, curar mis ojos en tus hombros, respirar en tu manto negro y ser el gato que cuide de tu balcón.

Goyette

29 de junio de 2009

Varias noches

Juguemos con los cantos que nacen de los gatos, con las sirenas de calles húmedas y sucias, bailemos celebrando el erróneo biorritmo que no va a la cama,
entrelacemos las manos, entre sudor y satisfacción, mi risa, tu sonrisa.

Es tiempo, de nosotros y de varias noches en brama.


Goyette

15 de junio de 2009

Patria de mujer

De nosotros sólo la tristeza,
la amargura,
el buenos días cansado,
las manos entumidas,
la calle y su ruido,
el frío aquí detenido.


Incendias las cartas,
huyendo de las palabras,
las tuyas,
las mías,
qué más da,
si son cenizas.


Refugio oprimido el del parque,
los cigarros en tu abrigo,
los billetes y el mechero
también a tu cobijo.


Estamos los dos,
teniendo miedo y frío,
Insoportablemente
yo soy tu abrigo.


Separados por el hastío,
del forzoso exilio,
sin patria, sin amigo,
a penas es domingo.



Goyette

5 de junio de 2009

Te esperaré viajando

Extraño que tus letras me toquen, que hablen de mí, que fumes al pulirlas, que tu obra sea de lo que junto a ti viví.

Cuando me hablas del tiempo, de los maestros, de tus noches vertidas en ensayos, de tu vida con otro hombre, y de la montaña que un gigante sólo pudiera montar, no sé cuánto de eso me contenga a mí.

Extrañas a los viejos y su charlas de las diez, los diarios del tiempo indigenista, la matanza en Acteal, la vida que cambia con otra taza de café, y tu pureza perdida a los dieciséis.


Te esperaré viajando
y tú me buscarás escribiendo.


18 de mayo de 2009

Me gustas en la cama

Tengo ganas de abrazarte, de entrar a esa librería eclesiástica y ser coqueto contigo, de tomarte de la mano y pasar nuestras tardes entre plazas y cafés.

Busco esos instantes de manos indecisas, de ceniceros llenos y de miradas furtivas que suplen al corazón de quien calla.

Necesito de tu caminata, de un beso sentido, de la ilusión desconocida que se torna en vino junto a la cama, y de tu cabeza descansando en la almohada.

1 de marzo de 2009

Esas horas calladas vendrán después

Tras cada jornada, en los últimos minutos de la tarde noche, le damos a la audiencia el resumen de lo aprendido, esa lección que hemos tomado a base de lo vivido, ya sea en el mismo día o tras una serie de días y que nos ha llevado a un valioso aprendizaje.

Se nos va la tarde, y seguimos en lo mismo, en ese escurridizo anhelo que se lleva el sol, caminamos arrastrando un pie, apartamos piedras, volteamos tras un llamado que no vemos, no oímos.

El interlocutor a un lado, sea en la calle o en un motel, mejor juntos en la estancia, entre libros, una alfombra y por cocina un sartén.

Se ha muerto la noche, la luz urbana vuelve incierto nuestro anochecer.
Esas horas calladas vendrán después.