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2 de marzo de 2010

Tres pesos de propina

Pareciera que todos sus jueves de cervezas son iguales, un poco de charla necesaria, actualización, especulaciones sobre el novio de su amiga (en el momento que se levanta a orinar e inspeccionar piernas curtidas de las mesas contiguas) ¿qué podría esperar?

Dicho ritual no le perjudicaba en absoluto, sólo la distraía de las horas distendidas de cada semana, de toda una vida, de su triste vida en una zapatería, de una pequeña plaza en una gran ciudad.

Al pedir la cuenta Rio se acercó para decirles lo que habían de pagar, cada uno sacó su parte y se le entregaron con todo y monedas a Rio, no había cambio que dar, el pequeño excedente de la cuenta fueron tres pesos, mismos que Rio apartó como propina.

Al llegar a la entrada del edificio, Gisselle no encontró a Don Gustavo, situación que era extremadamente anormal, sabía que dicho portero había hecho un juramento de no tocar gota de alcohol ya hace cinco años, ¿qué podría haberle sucedido? seguro no se iría, así como si nada.

Al adentrarse escucho voces apresuradas, y de pronto casi atropellándola salieron unos paramédicos cargando una camilla seguidos de Don Gustavo que con voz quebrada les rogaba que la cuidaran.

-¿Qué ha pasado?- Gisselle tras esquivar la camilla.

-Casi la matan, casi la matan, esos desgraciados no tienen madre -Don Gustavo sorbiendo mocos y pegando sobre uno de los barandales.

-¿A quién, Don Gustavo? –le preguntó Gisselle.

-A la señorita Rubí -ahogándose al hablar-. Por poquito y la matan.

21 de enero de 2010

Jueves del Escribano

Otro jueves por la noche, también llamado por los parroquianos como "Jueves del Escribano" en el viejo bar del centro, herencia de los despojos de la revolución, ahí estaba Rio limpiando una de las pocas mesas utilizadas de la noche cuando llegaron dos chicas con una mirada un poco tristona acompañadas de lo que parecía ser el novio de una de ellas, al sentarse, Rio se acercó con el discurso de todos sus jueves.

-Buenas noches, bienvenidos, ¿qué les servimos?-mientras esbozaba una cansada sonrisa.

El novio de una de ellas acompañado de un delgado bigote recortado (al estilo de los pachucos o cholos) pidió una cubeta de cervezas para los tres.

Rio fue hacia su barman para anunciar el pedido y lo que recibió fue una cubeta para ir por las cervezas al refrigerador de la cocina, en el mismo momento en que Brenda Gisselle se le acercó para preguntarle por el baño.