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18 de septiembre de 2009

Buenas noches (me dicen)

Me veo como de lejos, sentado en una clínica de aspecto bucólico, con las manos sujetando Sputnik, mi amor, tratando de ahogar la incertidumbre del porvenir en letras de un melómano japonés, escucho como una compresora rompe y hace cimbrar el pequeño espacio destinado a la espera hombres menos afortunados.

Aprovecho cada cinco minutos el agravante sonido de la máquina a mi lado, para dejar el libro en el asiento contiguo y sorber un poco de los mocos que me dificultan la respiración.

Frente a mí, en una pared que salva su desnudez cuelga un Cristo y una cruz cómo apenas pudiendo estar, un Cristo que no alcanza a voltear, que le cuesta respirar y que tiene impedidas las manos para rezar, humildemente está ahí, y yo también.


Medio absorto en la lectura no he perdido detalle alguno del transitar de los familiares de pacientes que seguramente han de guardar un olor empobrecido y cansino, casi todos al pasar me dirigen un saludo sólido e involuntario Buenas noches (me dicen), por qué negarlo, yo correspondo con las mismas ganas, pero con otra cara.

A una mujer que guarda cierta relación con el lugar le parece que mi lectura es consecuencia de algo alejado del placer, por lo que me invita a pasar a una de las diez habitaciones y ver algo por el televisor, no se ha dado cuenta de que juego a ser un personaje a lo Kundera, esperando sentado, a que mi padre termine de operar para regresar a un pueblo más grande, dónde me esperan algunas pastillas y una noche entera para que hagan efecto, en ese presagio ranchero que es de costumbre y buena educación.


Dos Gallos

22 de agosto de 2009

Gregorio Samsa y yo, somos tocayos

Yo no contesto el teléfono, me doy el lujo de aguantar los timbrazos, luego todo es calmo, no reviso los mensajes de voz, porque vienen de voces muertas que le hablan a un muerto.

No hay mucho que se pueda esperar de mí, confieso, que conmigo mismo me siento a ratos aburrido, por eso tomo un libro para olvidarme de mí, para olvidarme de mí con los demás.

Giro el cuello, siento el vello facial y me lavo endemoniadamente el rostro buscando a otro que sonría con mayor sinceridad y sienta cariño honesto aunque sea un momento.

Tal vez un día despierte siendo otro e invencible a un ataque nuclear que me recuerde que Gregorio Samsa y yo, somos tocayos.

Goyette

3 de diciembre de 2008

Aceite, estopas y bragas

Callas, te arrastras, y te lavas el sexo, que guarda aroma al vinagre que pasivamente quema tus manos callosas, si me reventaras a mordiscos el alma, te prometería un poco de azúcar en la espalda plana, y más orgasmos fuera de la cama.

Lloras sobre aceite, estopas y las bragas marcadas de tu inocencia contenida, de tu primer fluir, de tu primer hombre, de tu posesión bienvenida.

¡Cállate con las piernas cruzando mi espalda y tu mirada encadenada a mi podrida ánima!

No quiero café, ni que uses mis camisas, sólo te quiero fuera, y el perfume degradado por la estancia.

Se me antoja el vómito, y dormir todo el día.


¿Saber de ti? Algún día.