12 de diciembre de 2007

No quiero escribir mucho

No quiero escribir mucho, nunca lo hago, me asfixian las palabras cuando de los sueños me siento un inmundo cómplice, inundando el cenicero un poco más de ofrendas a las musas bellidas y me siento como una mujerzuela rezando, esas que de día van llorando.

Muero cansado de ver crecer a los niños, de teñir historias sin romances y de enamorarme de espectros ancestrales, ansiando sólo salir contigo.

Veo lejos enamorarme de una aroma, comprar de nuevo una rosa, decir mentiras piadosas y tener de nuevo una noche tormentosa.

En serio quiero ver una cabellera ondulante, una mirada fija y cautiva, un si, a lo que yo quiero y un beso en lo secreto.

30 de noviembre de 2007

mordiendo el pan

Volteo los ojos queriendo tragar saliva, pero me cuesta ver a mi país sin olor a café y abandonado, sin virgen ni cosecha, con gente aventando palitos en las calles, con noticias que me saben a chocolate frío y sin muchas ganas de llorar, siendo aún las once de la mañana.

Ya es invierno pero hace calor, dicen que no hubo fraude electoral, ¿y entonces la reforma qué?

Me he estado gritando en silencio, mordiendo el pan, y rascándome la nariz.

Sentado me he quedado sin dormir, esperando el momento que vengan las ganas de aplaudir, o mejor aún, que tengamos algo que discutir.

Miro la noche que contiene estrellas, que brillan muertas con menos fortuna que ayer, pero aún más que las que han de venir.

Soñé de nuevo al diablo apoyado en la campana, que no tocó hoy para mí, pero ofició misa, eso sí.

27 de noviembre de 2007

uñas teñidas de sepia


Me saben bien las uñas teñidas de sepia, como un pan con dulce de leche, a eso le llamo un “panchito” con cajeta, y me gusta mucho.

También me transpira el limón por la garganta y las orejas, por eso empapo las almohadas, y necesito ser de sal para justificar mi existencia.

Juego con la baraja por las probabilidades, por jugar con la mente humana y engañarme a mi mismo.

Bebo por la compañía, y por la ausencia, siempre por placer, nunca para lamentar, eximiéndome de todo alcoholismo malsano, poco literato y bohemio.

De noche cuando puedo, duermo abrazando mis sueños, al despertar siento que los he perdido, y ahora trato de recordar.

26 de noviembre de 2007

Quiero un Blueberry muffin


Sigo con los labios inflamados, aunque ya no me muerdo tanto, gozando de un tiempo ficticio lleno de incertidumbre y cierto pesar por lo venidero.

Me recuerdo sobre la nieve tendido, pensando en el placer de vivir; sin preocupaciones, cuando disfrutaba de un blueberry muffin, y un café tal vez guatemalteco, pero con el buen gusto de Montréal, hablando sobre el Perú y los libertadores americanos, con un músico amable y triste por el destino de nuestras tierras.

Volvía a casa en Rue de la Roche, triste pero feliz, de entender y saborear mi identidad y la de muchos otros en tierra ajena, aunque con el tiempo ya no lo era tanto.

29 de septiembre de 2007

24 de julio de 2007

Un atrevido Cliché


Por lo pronto mis lentes siguen rotos, no se si es desidia o una especie de cliché intelectualoide, quizá ambos, aún no lo confirmo; acompañando a ese elemento he de decir que he dejado crecer mi cabello a su libre albedrío, hasta alcanzar que éste me acaricie los tostados hombros y permitido el nacimiento de una barba en un rostro hasta hace poco imberbe.

El cigarro se ha convertido en una compañía obligada de noche y de día, la tarde no es su fuerte, así como mis libros son la luz eterna, de mi apreciada agonía.

La palmas se me han tornado amarillas, a pesar de haber tocado las sales y el agua del pacífico en días recientes de abrumadoras olas insistentes sobre mi cuerpo reticente.

Revisándome los tobillos, me percato que todavía guardan la exquisita forma modelada a través de los gratificantes entrenamientos de Rugby que he dejado atrás y que pienso retomar en cuanto comience el nuevo curso en la universidad.

Por último mis ojos se van desgastando, lo cual no me preocupa mucho por el momento, ya que gracias a ello no veo personas que pretenden ser arquetipos de ciudadanos en esta pequeña muestra de sociedad decadente, sino sólo consigo ver formas amasadas en lo triste de su devenir, hablando de una esperanza de color azul pastel.

Goyette Dos Gallos