6 de diciembre de 2009

Zapatos de cualquier otra marca

En invierno los días son más tristes en una tienda de zapatos, pero no le queda más, en cuánto al aire acondicionado hace una semana que la dueña lo ha apagado, pero igual hace frío y las cajas están heladas. Las horas obligadas sentada sobre un roído y sucio banco, con un monitor colosal frente a ella y la azulada terminal de botones borrados son los elementos irremplazables de un escenario donde presenta el concurso de sus modestos esfuerzos frente a una gran ciudad que clama por su sangre. En la radio suena Stand by me de Ben E. King

Gisselle acostumbrada a la indiferencia y el transitar olvidado de una de las venas abiertas del progreso sólo puede ver sus pies continuándose uno al otro sobre zapatos de cualquier otra marca.

Será otra de esas noches en las que Rubí le narra sus recientes aventuras sexuales quemando cigarro, ¿ qué más da?, le alegra tener a una puta por vecina.


Goyette

2 de diciembre de 2009

Unas frases apenas

En unas gemelas es donde se nos ha partido el corazón.

Se me han ido muchos vientres, ahora fecundados.

No estaba listo, apenas era un niño.

Pensé en ti, pero más en mí.

¿Qué si te amo? claro, y ¿tú a mí?



No es que no te ame

No es que no te ame, es que te has agotado, el tiempo es así y nada más.

No es que no te ame, es que te busco a ti en otra mujer.

No es que no te ame, es que eso del amor no existe.

No es que no te ame, es que géminis y tauro no se llevan.

No es que no te ame, es que tengo cosas más importantes que hacer.

No es que no te ame, es que se me ha olvidado que quedamos para comer.

No es que no te ame, es que es el mundial.

No es que no te ame, es que mi mamá tiene mejor sazón.

No es que no te ame, es que tengo sueño.

No es que no te ame, es que también quiero a Gael.


Dos Gallos

29 de octubre de 2009

Versión tropicalizada

No me puede faltar el cigarro entre los dedos o sobre un cenicero, si es que decido contar una historia, sin embargo ahora me falta ese humo vertical cercano al mouse en las líneas que se suicidan con el folklore de la tierra húmeda. Cerca no hay trenes bala ni barrios informáticos que saturen las pupilas con sus impactantes anuncios que zumban al ritmo de la ciencia ficción, acá sólo se escucha el lamento del peso sucio y harapiento de cientos de hermanos guatemaltecos, hondureños y salvadoreños sobre los vagones del tren que le corta la circulación a una ciudad que apenas puede sobrellevar su historia y el mal auguro de su futuro como un organismo fuerte y sano. A pesar de todo voy perdiendo peso, me hago más etéreo, más leve, eso mismo que sólo Kundera lo puede explicar de una manera insoportable, parece que tiene que ver con la sangre y lo que esta significa en cifras que como dé lugar hay que reducirlas evitando el ron que era ingerido sin paragón.

@dosgallos aunque no cambio el jazz o la música clásica por el merengue o la salsa, inevitablemente uno es absorbido por ese cliché que pasa a ser una etiqueta del mundo burdo dónde sólo ciertos seres de belleza plástica compiten en su tiempo libre con cadenas informativas o se convierten en el hashtag del día gracias a una nueva estirpe de fans que los siguen por todas partes mientras haya conexión Wi-Fi.

Aquí no hay la belleza que puede ser percibida por quién puede sentarse en un parque enclavado en el centro de Tokio, ni tampoco existe la elocuencia por parte de mujeres que cojean, sólo hay salones de belleza ramplones administrados por niñas-mujer, que recién han dejado los estudios preparatorios y que ganan más que un médico o un abogado que también apenas lo es.

Y todavía espero ese libro y su traducción que lleva por título el año en que nací, para comprobar una vez más que sólo soy un personaje Murakamiano versión para Latinoamérica.

18 de octubre de 2009

Frío de cinco años atrás

En el dos mil cuatro mi independencia tenía la característica de ser concedida, en el frío, que al mismo tiempo era privilegio de unos pocos resistir como estampa de un primer mundo ilusorio entre vagabundos acompañados de sus perros fuera de cualquier subway québécois.

Ahora en un frío benigno para mí y cruento para otros permanezco en un limbo independentista, donde no alcanza lo suficiente para ser autónomo, pero dónde gozo del estado paternalista alejado del concepto estatal y más cercano al familiar.

Me siento cercano a esa sensación de cinco años atrás, en la cual un templo de fundación me cobija los domingos y que me recuerda lo lejano que estoy de esas montañas que fueron casa y enseñanza cinco años atrás.

Dos Gallos.

18 de septiembre de 2009

Buenas noches (me dicen)

Me veo como de lejos, sentado en una clínica de aspecto bucólico, con las manos sujetando Sputnik, mi amor, tratando de ahogar la incertidumbre del porvenir en letras de un melómano japonés, escucho como una compresora rompe y hace cimbrar el pequeño espacio destinado a la espera hombres menos afortunados.

Aprovecho cada cinco minutos el agravante sonido de la máquina a mi lado, para dejar el libro en el asiento contiguo y sorber un poco de los mocos que me dificultan la respiración.

Frente a mí, en una pared que salva su desnudez cuelga un Cristo y una cruz cómo apenas pudiendo estar, un Cristo que no alcanza a voltear, que le cuesta respirar y que tiene impedidas las manos para rezar, humildemente está ahí, y yo también.


Medio absorto en la lectura no he perdido detalle alguno del transitar de los familiares de pacientes que seguramente han de guardar un olor empobrecido y cansino, casi todos al pasar me dirigen un saludo sólido e involuntario Buenas noches (me dicen), por qué negarlo, yo correspondo con las mismas ganas, pero con otra cara.

A una mujer que guarda cierta relación con el lugar le parece que mi lectura es consecuencia de algo alejado del placer, por lo que me invita a pasar a una de las diez habitaciones y ver algo por el televisor, no se ha dado cuenta de que juego a ser un personaje a lo Kundera, esperando sentado, a que mi padre termine de operar para regresar a un pueblo más grande, dónde me esperan algunas pastillas y una noche entera para que hagan efecto, en ese presagio ranchero que es de costumbre y buena educación.


Dos Gallos