27 de diciembre de 2009

Mi huerto

Sólo el arrepentimiento que se ha escapado de su aislamiento en plena hora del sueño golpea disimuladamente la inquietud del deseo doblemente nato.

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Cabe la duda y la violencia en el corazón que me ha amado en una sintonía inexistente.

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Vienen los torbellinos fríos de ser padre con alguien que recién se estrenó como madre.

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Nos debilita el pesar y la sombra de un huerto que ya no se debe traspasar.

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En su tierra natal vive alguien más que al igual que ella ha conocido la sensación de ser sin estar.

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Su entrega a otra carne la hizo sin chistar, eso me quita el sueño y me hace meditar.

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El deseo que tuvo se duplicó, el tiempo suyo y no mío murió, me muero en pleno invierno.

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No engendró a ningún perro, pero tiene uno a lado, cuidando jadeante, al que fuera mi huerto.



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